LATIDOS INVISIBLES

BOHNCHANG KOO

24.10.2026 – 16.01.2027

Referente de la fotografía surcoreana, Bohnchang Koo es un amante de lo esencial. Su trabajo no es fácilmente clasificable, pero un sutil hilo conductor recorre toda su obra: una especulación constante sobre la dualidad y la yuxtaposición de los opuestos, la vida y la muerte, la permanencia y la ausencia. En su trabajo conviven la melancolía, la fragilidad y la soledad con una profunda atención a la belleza visual. En su mirada, el blanco no es simple ausencia de color, sino vacío, silencio y pausa, conceptos heredados de la pintura oriental. Parafraseando a Alejandro Castellote, sus fotografías se vuelven tan depuradas como un dibujo a pincel y tinta china, y reducen las formas a su esencia: puntos, líneas y superficies. Allí donde nada se impone, cada huella, cada sombra y cada pliegue adquieren presencia. El blanco es, a la vez, desaparición y permanencia: aquello que el tiempo borra y aquello que, aun así, perdura. Esta exposición reúne obras de distintas series del artista, entre ellas Portraits of Time, White, Pencil of Nature e Interiors. Todas ellas, en un lenguaje minimalista y silencioso, se detienen en las huellas que el tiempo deja a su paso: imágenes que se afirman a modo de susurro e invitan al espectador a detenerse y meditar. Como dice el propio Koo: “Las imágenes las he tomado en menos de una fracción de segundo, pero piden tiempo al espectador”.

WHITE

PORTRAITS OF TIME

SNOW

INTERIORS

SOAP

EWB

VESSELS

Vessels busca recuperar la autoría de esos frascos de morfología irregular, incautados durante la ocupación japonesa. Los recipientes de Koo’s Moon Jar deben su nombre a los tonos y formas lechosas del esmalte de porcelana, que recuerdan la forma y el color de la luna. Fabricados por primera vez durante la dinastía Joseon (1392-1910), fueron considerados cerámica imperial durante el siglo XV. Muchos de estos vasijas fueron luego sacados del país y vendidos a coleccionistas y museos de todo el mundo durante el siglo XX. Bohnchang Koo ha viajado a muchos países para fotografiarlos, impresionado por las manchas y arañazos que el tiempo ha dejado grabados en sus superficies. Como piel anciana, marcada y arrugada por la edad.

Al reunir pacientemente estos tarros en un exquisito catálogo fotográfico, recupera la identidad de su cultura y el valor que el tiempo aporta a los objetos. Una afirmación que adopta la dimensión de un susurro, como la que surge de muchas de sus fotografías meditativas.